jueves, 28 de febrero de 2013

¡El pobre! ¡Se siente indefenso!

  Es que era tan guapo, tan listo, tan alto, tan atleta, tan seductor que la enamoró "hasta las trancas". Mientras, (ya apuntaba maneras el zagal), mantenía una relación paralela con la secretaria del gimnasio al que iba a ejercitar su cuerpo gentil. Esta chica, (hoy felizmente casada) se enteró por televisión de su compromiso de altos vuelos (ya apuntaba maneras también respecto a su honradez y ética).

    Se casa pues con una grande de España, vive de puta madre y sin embargo, se siente ninguneado por su familia política. ¡Pobre chaval! Es esto lo que le lleva a estudiar, a prepararse en una prestigiosa escuela de economía ( privada, por supuesto) y ya de paso, y una vez suficientemente preparado, engaña a todo el que se le pone por delante y se lleva calentito el dinero de los impuestos de los españoles.

    Se compra una enorme mansión, porque según él su suegro le recrimina que tenga a su hija viviendo en un pisito seis veces más grande que la vivienda media del españolito de a pie. (Y esto suponiendo que el españolito tenga vivienda) Y es que claro a este chico lo presionan tanto que se ve abocado a engañar, a estafar, a malversar, a defraudar...

  Cuando empiezan las primeras señales de alarma; cuando se empiezan a dar cuenta de que lo van a pillar con" el carrito del helao," su suegro lo manda con toda su familia a EEUU. Por supuesto bien colocadito en Telefónica, viviendo en una mansión acorde con su status social, con los guardaespaldas correspondientes, con sus colegios de élite para los niños y con el servicio doméstico adecuado.

     El inteligente atleta pensó aquello de que "aunque me pillen, nunca me va a ocurrir nada por ser yo quién soy", pero su ambición le llevó a creerse esta máxima, cuando en realidad, y en esta tesitura, él no era nadie.
Simplemente un chico guapo y bien plantao que dio un magnífico braguetazo y que tuvo la enorme suerte de que su mujer se enamorase de él.

   Y hete aquí para más inri que se topa con un juez justo que no se deja presionar por nadie, que no se casa con nadie y que poco a poco va sacando a la luz todas las irregularidades que este muchacho ha cometido con los dineros públicos. Y ahora dice que se siente indefenso porque cada día salen más documentos en su contra que le impide preparar una defensa eficaz. Le cuenta al juez que hace tres meses que no puede pagar la hipoteca de su casa.  Da mucha pena el pobre. Quizás sea necesario mandar  a los de "STOP DESAHUCIOS a la puerta de su vivienda. Vergüenza ajena me da. Claro que el españolito de a pie, aquellos que pagamos nuestros impuestos que otros se llevan, solemos tener más vergüenza que toda esta gentuza.