jueves, 10 de enero de 2013
!Adiós 2012!
Hoy me indigno con las malas pasadas que te juega la vida cuando menos te lo esperas. ¡Adiós 2012! ¡Maldito año bisiesto! Se evaporó. Se esfumó. Se nos fue.Se escurrió de nuestras manos.¡Loado sea Dios!
Aunque no soy supersticiosa, este aciago año se llevó a dos seres muy queridos para mí.
Antes de Semana Santa, nos abandonó mi primo hermano, de una forma brutal e inesperada.No pudo con la vida y se la quitó. 42 años, casado y con dos hijas. Mi tía, su madre, se ha enterrado junto a él, pues ya no volverá a sentir nunca más la alegría. Jamás una mujer está preparada para enterrar a su propio hijo. Es una ley contranatura.
La madrugada del 13 de octubre, un infarto masivo y traicionero se llevaba la vida de una de mis compañeras y amigas del alma: me dejó María, mi amiga, mi paño de lágrimas, mi confidente,mi compañera de charlas infinitas, de discusiones y coloquios sobre lo divino y lo humano. ¡Cómo la añoro! ¡Cuánto la echo de menos! ¡Qué soledad más ingrata!¡ Cuánto vacío en mi corazón! Sólo tenía 65 años y no los aparentaba.
Y lo que más me encorajina, me indigna y me duele es que la vida le había arreado fuerte y, a pesar de todo, luchaba por seguir adelante. No hay derecho. No es justo. Se la llevó su fragilidad, su bondad, su afán por encontrar la felicidad.
Ahora sólo me queda el recuerdo de ambos, de los buenos momentos que pasamos juntos, del buen hacer de dos personas que cada una en su lugar, significaron mucho para mí.
Y desde la impotencia que te araña el alma, sólo les pido que allá donde estén no me olviden nunca. Yo no lo haré.

